
Fóllame... (...hasta el corazón)
Me gusta imaginarte.
Imaginarte mientras, sin pronunciar palabra alguna, tan sólo con la mirada, me dices lo que estás a punto de hacer, mientras vienes hacia mí, directo, sin distracciones...
Me gusta imaginar tus manos.
Imaginarlas mientras aún ni me tocan, mientras se acercan a mí.
Imaginarlas mientras, mirándome a los ojos, recorres el cuerpo que tiembla de pura impaciencia, quitándome la ropa, sabiendo y deseando lo que vendrá después.
Ahora, me gusta imaginar tu tacto, la suavidad y delicadeza con la que tus manos me recorren.
Mis ojos piden cerrarse, para dejarme vagar por ese mundo de sensaciones que sólo tú despiertas, pero todavía no. No quiero dejar de mirarte, quiero ver tu reacción a mis reacciones, no perderme nada... no me atrevo ni a parpadear...
Entonces, lo vences... y no lo puedo evitar, ni quiero. Cierro los ojos, cogiéndote por la nuca, buscándo e intuyendo tu boca, acercándola a la mía, caliente y húmeda.
Me encanta morderte así, notar cómo a tí tb te gusta, cómo tu cuerpo reacciona, de una forma más brusca que el mío, imponiendo su fuerza, haciéndose notar aún cuando, todavía, no he podido quitarte la ropa.
Es ahí cuando dejamos de pensar, dejamos de calcular los sutiles movimientos para con el otro... cuando sólo mandan las vísceras, que están ardiendo, palpitando...
Peleamos...
Te araño,
me sujetas,
te muerdo,
aprietas más,
me quejo...
Te gusta.
Me vuelve loca.
Fóllame... (te susurro)
Te desbocas...
Me encanta,
ya me tienes...
De pronto, el timbre... me recompongo, acalorada, peinando con las manos el pelo revuelto por la almohada.
Abro la puerta.
Eres tú... que, sin pronunciar palabra alguna, me dices con la mirada lo que estás a punto de hacer, mientras vienes hacia mí, directo, sin distracciones...
Fóllame, pienso...
Fóllame hasta el corazón.
Imaginarte mientras, sin pronunciar palabra alguna, tan sólo con la mirada, me dices lo que estás a punto de hacer, mientras vienes hacia mí, directo, sin distracciones...
Me gusta imaginar tus manos.
Imaginarlas mientras aún ni me tocan, mientras se acercan a mí.
Imaginarlas mientras, mirándome a los ojos, recorres el cuerpo que tiembla de pura impaciencia, quitándome la ropa, sabiendo y deseando lo que vendrá después.
Ahora, me gusta imaginar tu tacto, la suavidad y delicadeza con la que tus manos me recorren.
Mis ojos piden cerrarse, para dejarme vagar por ese mundo de sensaciones que sólo tú despiertas, pero todavía no. No quiero dejar de mirarte, quiero ver tu reacción a mis reacciones, no perderme nada... no me atrevo ni a parpadear...
Entonces, lo vences... y no lo puedo evitar, ni quiero. Cierro los ojos, cogiéndote por la nuca, buscándo e intuyendo tu boca, acercándola a la mía, caliente y húmeda.
Me encanta morderte así, notar cómo a tí tb te gusta, cómo tu cuerpo reacciona, de una forma más brusca que el mío, imponiendo su fuerza, haciéndose notar aún cuando, todavía, no he podido quitarte la ropa.
Es ahí cuando dejamos de pensar, dejamos de calcular los sutiles movimientos para con el otro... cuando sólo mandan las vísceras, que están ardiendo, palpitando...
Peleamos...
Te araño,
me sujetas,
te muerdo,
aprietas más,
me quejo...
Te gusta.
Me vuelve loca.
Fóllame... (te susurro)
Te desbocas...
Me encanta,
ya me tienes...
De pronto, el timbre... me recompongo, acalorada, peinando con las manos el pelo revuelto por la almohada.
Abro la puerta.
Eres tú... que, sin pronunciar palabra alguna, me dices con la mirada lo que estás a punto de hacer, mientras vienes hacia mí, directo, sin distracciones...
Fóllame, pienso...
Fóllame hasta el corazón.





















